Islandia siempre ha pecado de ser uno de los países más caros del mundo. La reciente crisis económica ha empezado a igualar el valor de los productos con los que podemos tener, por ejemplo, en España. Aún así, el dinero no cae del cielo y, viendo como está la situación económica mundial, lo mejor es saber buscar gangas y lugares con buena calidad-precio. Sigue leyendo
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Reikiavik, ¿Alguien dijo caro?
Viajar a Islandia comienza a ser posible para muchos europeos con un nivel adquisitivo menor que el de este país. Esto se debe, en parte, a las múltiples maneras que existen de llevar una vida barata en Islandia. ¿Quiéres saber cómo? Descúbrelo de la mano de un joven estudiante que acaba de llegar a la capital de la tierra de hielo y fuego. Sigue leyendo
Guía De Supervivencia (Episodio II)
La semana pasada hicimos un pequeño repaso a algunas de las peculiaridades de Islandia. El artículo fue bien recibido y es por ello que hemos considerado apropiado—y divertido—publicar una segunda entrega con más curiosidades sobre este lugar y algún consejo que pueda resultar útil al visitante. Sigue leyendo
Tax Free: Recupera parte de tu dinero
Si vas caminando por Reikiavik es fácil encontrar en las tiendas indicadores de que en su interior puedes hacer compras ‘Tax Free’. Pero, ¿qué es eso del ‘Tax Free’? Básicamente es comprar libre de impuestos (lo que en España sería el IVA). Esto permite a los no-residentes ahorrarse algo de dinero en sus compras, sobre todo cuando alcanzan sumas importantes. Sigue leyendo
¡El Arte No Es Para Todos Los Bolsillos! – Segundo editorial de José
Recuerdo que cuando hace unos meses llegué a Islandia quedé maravillado desde el primer momento por la belleza y espectacularidad de su naturaleza, por las decenas de actividades de ocio y turismo que ofrece, y por la extrema cordialidad de sus gentes. Estaba encantado, no lo niego, pero había algo que echaba mucho de menos. Sí, bueno; está la familia, los amigos y la gastronomía patria. Pero sentimentalismos a un lado, lo que en verdad me mortificaba era llegar cada día a casa y no poder masacrar un preludio de Chopin. Sigue leyendo