El 15-O ha tenido su eco en Reikiavik, aunque probablemente no de manera tan masiva como en otras capitales. Es cierto que Islandia posee una población de poco más de trescientos mil habitantes, pero confieso que confiaba en una mayor afluencia en un acontecimiento tan significativo y simbólico; y digo simbólico pues por desgracia no acarreará ningún cambio sociopolítico de envergadura. Y es que esperaba algo más de rebeldía y agresividad pacífica en un país que, sin pretenderlo, se había convertido en el abanderado del cambio, de la sublevación en pos de una manera de gobernar transparente, sin corrupción y que velase por los intereses del ciudadano. Islandia era la moderna Francia revolucionaria, capaz de exigir que sus políticos y líderes financieros pagaran sus delitos con penas de cárcel (bien, no era la cabeza como Robespierre, pero algo es algo).
Sin embargo, hoy no he visto ese espíritu de sublevación, tan solo un grupo de personas cabreadas y agotadas; diría que resignadas. Es probable que la barrera del idioma influya en mi visión pesimista o tal vez haya sido la ligera aunque molesta lluvia que caía, vaya usted a saber. Pero también llama poderosamente la atención la poquísima cobertura que han realizado sobre el evento los medios locales, más interesados en el festival de música Airwaves. Lo cierto es que mientras el mundo entero protesta y clama por el cambio, paradójicamente las ideas conservadoras ganan terreno en una Europa social e intelectualmente en retroceso.
Os dejo con el vídeo del 15-O en Reikiavik. Iba a traducirlo al español porque, ingenuo de mí, por algún motivo pensaba que los discursos serían en inglés como en otras ocasiones. Mi islandés, de momento, no da para tanto. Al menos se puede apreciar el ambiente.



